Los abusos laborales que complican el futuro del anime en Japón

La industria del anime en Japón es enorme. Se calcula que es la actividad que más ingresos genera al país por ventas de productos y licencias de transmisión. Eso se suma al hecho de que la globalización ha hecho posible que la animación japonesa pueda ser vista en todo el mundo y es habitual ver situaciones en donde un anime es trending topic a nivel mundial. Entonces, ¿Cómo es que una empresa que genera más de 20 billones de dólares al año pueda estar en crisis? Los animadores son quienes entregan esa respuesta al demostrar sus problemas para vivir. 

La maldición Tezuka

Para comprender dónde comenzó la crisis actual del anime hay que hacer un viaje al pasado. En 1962, Osamu Tezuka, uno de los mangakas más populares de Japón y responsable del exitoso “Astro Boy”, buscó inversionistas para poder producir el anime de su manga. Tezuka consiguió el auspicio de una compañía publicitaria llamada Mannen-Sha, la empresa de confites Meiji Seika, Fuji TV y NBC Enterpraises. Pero a pesar de todo el dinero reunido, no era el suficiente para poder financiar el proyecto. Esto es causa de que las grandes compañías evaluaban que un anime debía costar, aproximadamente, la mitad que un Live Action, entregando así un promedio de 300.000 yenes por episodio. 

Tezuka tuvo que crear una pirámide para poder gestionar los dineros eficientemente. Le entregó la principal cuota a los productores y guionistas y dejó en el fondo a los animadores. Pero no solo eso. Buscaba ahorrar en costos, por lo que entregó menos material de trabajo a los dibujantes y los hizo trabajar más horas de lo normal para poder completar la meta del capítulo semanal. 

En esos años los dibujos eran más simples y un solo animador podía dibujar muchos más fotogramas de los que alcanza a realizar hoy en día, por lo que no hubo mayor revuelo por esta pirámide de jerarquías. Pero lamentablemente, el éxito de Astro Boy hizo que las demás compañías y estudios de animación adoptaran la misma forma de trabajo, dejando a los dibujantes en el escalón más bajo y normalizando las exigencias de trabajar en jornadas largas. Los tiempos han cambiado y las obligaciones laborales son más grandes, pero la manera de tratar a los empleados es similar a la de esa época y no se ha adaptado a los tiempos modernos.  

Sobreviviendo como se pueda

Se le han añadido más agentes a la pirámide impuesta por Tezuka, pero siguiendo la misma idea. Si la ordenamos actualmente, tendríamos en la punta a los directores de la serie, seguidos por los productores y asistentes de producción, guionistas, actores de voz y en el último puesto a los dibujantes. 

El sueldo de un dibujante puede variar dependiendo del contrato que tenga. Puede ser un trabajador a tiempo completo, con contrato a plazo fijo para trabajar en un solo proyecto o un freelance que puede entregar apoyo a estudios de animación esporádicamente. Sin embargo, sus ingresos siguen siendo inferior a la media japonesa y el alto costo de la vida en el país asiático provoca problemas sociales y de salud en sus trabajadores que están al borde del colapso.

Contextualizando, podemos decir que los animadores no tienen un salario fijo, ya que en su gran mayoría les pagan por fotograma dibujado. En promedio, se llega a pagar un total de 200 yenes por dibujo. Si pensamos que un animador es capaz de realizar dos fotogramas en una hora, en un lapsus de 10 horas diarias, decimos que el trabajador logró completar 20 y sumar así un sueldo cercano a los 130.000 yenes mensuales (unos 800.000 pesos chilenos, pero sin contar el alto costo de la vida en Japón). El problema está cuando lo comparamos al sueldo mínimo de Japón, el cual varía por zona pero que bordea los 800 y 1000 yenes por hora con un monto mensual entre los 168.000 y 180.000 yenes. El ingreso de un animador que trabaja horas extras ni siquiera se acerca al mínimo del país. 

La Asociación Japonesa de Creadores de Animación (JAniCA), entregó un informe en 2015 que demostró que los animadores trabajan un promedio de 9,66 horas diarias durante 6 días a la semana, pero con muchos casos en donde los empleados llegaban a las 11 horas al día. En los datos también se muestra que un 24% de los animadores tienen solo 4 días libres al mes, un 22% tenían 8 días y un 19% entre 6 y 7. De todos estos animadores, solo el 14% tiene un contrato con un estudio y más del 50% lo hace de manera Freelance.

Vale decir que estos empleados no reciben ningún rédito por el éxito del anime. Todo lo que se genera por venta de mercancía va directo a directores y productores del show, por lo que el comentario de que contratando Crunchyroll o Netflix puedes apoyar a la industria de los dibujantes es, nominalmente, falso.   

Uno de los casos más conocidos de abuso laboral se vio con el reconocido estudio Madhouse (Hunter X Hunter, Death Note) en donde un empleado trabajó 393 horas en un mes para poder cumplir con las exigencias de la compañía, lo que es un número excesivo, pero también hay que tomar en cuenta que el promedio de los dibujantes es de 350 horas de trabajo al mes. Esto es gravísimo tomando en cuenta que, según datos entregados por Sakugablog, al 68% de estos trabajadores no se les pagan las horas extra y se toma en cuenta que su horario laboral finaliza solo cuando terminan de entregar los fotogramas. Razón que pareciera explicar el por qué se estima que un 80% de los dibujantes abandona la actividad en sus primeros 2 años.

Normalizando el abuso

Uno se pregunta cuál es la razón por la que los animadores aceptan este nivel de abuso laboral y hay varios factores que pueden ayudar a responder esa pregunta. En primer lugar, no les conviene quejarse. Existe una gran cantidad de mano de obra en Japón que está dispuesta a realizar el mismo trabajo que alguien contratado en un estudio y por menos dinero. La demanda es gigantesca y los estudios de anime, en su mayoría, normalizan el hecho de obligar a sus dibujantes a trabajar horas extra con la excusa de que si no lo hacen puede aparecer un freelance para quitarles el puesto. Una segunda razón es que tanto los empleados senior como los nuevos integrantes se ven envueltos en los mismos problemas de sueldos. No se le da una bonificación extra a alguien que lleve años trabajando en el mismo estudio, por lo que no hay un incentivo para quedarse en una compañía durante un largo periodo de tiempo. Si no les interesa quedarse en el estudio, no les interesa pelear por mejores sueldos en ese lugar. Pero quizás la razón más importante, comentada por JAniCA, es que los animadores no exigen mayores beneficios porque trabajar como dibujante es su sueño de toda la vida y no quieren quedar fuera del negocio.

Sobre este último punto, la misma Asociación informó que un 65% de los encuestados sigue trabajando porque de verdad les gusta su profesión y el 60% se sumó a que lo hacen, además, para poder tener algún ingreso monetario. 

Henry Thurlow, estadounidense que se desempeñó como animador en Japón en proyectos como Tokyo Ghoul y Naruto Shippuden, recalcó que el mundo de la animación no es una industria complicada, pero sí ilegalmente dañina. “No te pagan salario mínimo, te explotan hasta el grado en que puedes vomitar en tu zona de trabajo y debes pedir medicina en el hospital más cercano”, comenta en relación a cuando se aproxima un deadline, donde finaliza diciendo que, “después de la entrega vuelves a tu jornada laboral normal de 6 días a la semana de 10 horas cada uno” 

Una de las alternativas que ha aparecido para modificar la carga de trabajo de la industria nipona es la entregada por China con el estudio de animación Colored Pencil Animation Japan. El portal japonés PRESIDENT Online publicó una información respecto a esta compañía de dueños chinos indicando que el sueldo que se le da a un animador es cercano a 175.000 yenes mensuales. Mucho más de lo que obtienen en la actualidad en su propio país. 

Indica que la popularidad del anime en asía, junto a las restricciones de distribución del gobierno japonés, han motivado a que las demás naciones adopten la idea de crear sus propios estudios de animación. Así, las compañías chinas son capaces de contratar dibujantes de Japón aprovechando los abusos a los que son sometidos y les ofrecen un sueldo que puede llegar a ser 3 veces superior al que tenían. 

Fumijiro Eguchi, CEO de Colored Pencil Animation Japán señaló que la prioridad es mejorar las condiciones de trabajo de los animadores y que estos no piensen en trabajar para otras empresas en Japón. Buscan retener a los talentos y adjudicarse los proyectos más emblemáticos del futuro. 

De momento no se tiene una proyección de lo que pasará en un futuro. Después de todo, el gobierno chino también es conocido por la censura que en algún momento puede alcanzar a estos estudios de anime. Pero lo que es innegable son las pésimas condiciones de trabajo de los animadores en Japón. Lo que más temprano que tarde romperá una burbuja que significará el fin de la animación como la conocemos y, quizás, el crecimiento de la animación por computadora por sobre la dibujada.  

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