Pluto: el espectacular tributo al mejor robot de la historia

Astro Boy es uno de los mangas más populares de la historia. El relato creado por el gran Osamu Tezuka no solo elevó el género de ciencia ficción a niveles nunca imaginados, también sirvió de guía para las primeras producciones de anime en Japón, dejando una vara que guionistas y animadores usan como punto de referencia a la hora de medir el éxito. 

Es un cuento con una enorme cantidad de detalles que se dejaron de lado en muchas adaptaciones producto de la crudeza con las que se presentan. No eran aptos para un público menor, pero sí para gente que puede entender el mensaje tras sus páginas.

Toma esa historia como base, agrega la mente brillante de Naoki Urasawa (Monster, 20th Century Boys) en la creación de un nuevo producto y el resultado es un Astro Boy como nunca se ha visto. Un drama policial que ahonda en el mismo concepto de lo que significa estar vivo y un anime que bien puede ser llamado una obra maestra, Pluto

Esta producción, basada en el manga del mismo nombre, es una especie de remake del arco de “El robot más poderoso del mundo” del Astro Boy original, en donde el autor ha puesto condimentos propios para darle un giro original a la trama. Nos lleva a un mundo futurista en donde los robots tienen casi los mismos derechos sociales que los humanos. Cuentan con una Inteligencia Artificial avanzada y cada día se acercan más a lo que es la simulación completa de una mente orgánica. 

Pero eso también da lugar a un misterio que no parece tener solución: Montblanc, un robot forestal conocido por sus heroicas hazañas ha sido asesinado y el hecho golpea a todo un país. No hay pistas sobre el culpable, salvo una figura que simula a unos cuernos en la cabeza de la víctima. El caso ha sido asignado al detective Gesicht, uno de los robots más avanzados del mundo, quién deberá encontrar al responsable y esclarecer las razones del ataque, los que parecen estar vinculados al crecimiento de los robots en el planeta.

Es un anime policiaco de gran construcción e incertidumbre que introduce un aspecto interesante sobre la humanización de los robots. Lo que en un principio parecía un caso de búsqueda de un criminal toma un sentido de urgencia una vez que aprendemos el valor que las máquinas pensantes le dan a su propia vida. No sienten lo mismo que los humanos, pero quieren llegar al punto de entenderlos. No deberían sentir emociones extremas, pero sí lamentan la pérdida de ser querido. Incluso pueden llegar a soñar e imaginar un futuro mejor para sus familias sintéticas. Ya no es solo una búsqueda por un culpable, sino la protección de futuras víctimas ante un enemigo poderoso e inevitable que está golpeando los cimientos de la sociedad actual. 

La narración de Urasawa se hace notar desde un principio con el apartado psicológico en cada uno de sus personajes. Son mentes individuales que tienen vidas propias y por lo mismo reaccionan de distinta forma ante un mismo hecho. También destaca el que no hay blancos o negros, solo matices de una historia densa que no parece tener villanos absolutos.

Son muchas las preguntas que plantea la obra y que apuntan a un debate más profundo: qué es lo que hace uno esté vivo, ¿un cuerpo orgánico o la capacidad de sentir emociones? Los robots de Pluto se acercan bastante a lo que es una persona natural. Buscan una forma de evolución, imitan a los humanos para adoptar sus costumbres y acercarse así a su desarrollo ideal en un mundo que puedan sentir como propio. Es la búsqueda de una identidad que afecta la mente de todo ser pensante. En donde también se corre el riesgo de engendrar a un monstruo, un robot que tenga la mentalidad de un humano, un ser perfecto que se permita errores y que por ende pueda arrepentirse y odiar. Una imagen que el mundo debe evitar. 

El desarrollo de la serie tiene varios puntos que, pese a que fue escrito en 2003, pueden extrapolarse a situaciones de la actualidad. Es una historia sobre la invasión injustificada a un país que introduce una versión propia de discriminación, daño a la población y un rencor que nace de manera natural una vez que cicatrizan las heridas del abandono post guerra. Todo acompañado de una banda sonora dirigida por Yugo Kanno que eriza la piel con sus tonos lúgubres y llenos de suspenso. 

Visualmente es maravilloso. Replica a la perfección el arte del manga y, al igual que la obra ilustrada, cuenta con la supervisión directa de Makoto Tezuka, hijo del fallecido creador de Astro Boy. Presenta una mezcla de dibujo 2d con un CGI que aparece en los momentos justos para potenciar el movimiento de sus protagonistas o para moldear escenarios de gran escala. El uso de colores para reflejar sensaciones, luces para aumentar el impacto y el cuidado en sus trazados son indicadores de una tremenda calidad. Puede que no tenga peleas atractivas, pero el contenido de su trama habla por sí solo.

Es una serie que en ocasiones se siente lenta y con un desarrollo disperso al desviar el foco de la trama principal, pero que utiliza estas mismas subtramas para enganchar en el momento exacto con algún giro inesperado o algo que golpea a los protagonistas. No hay personajes que no tengan relevancia en el concepto total, todo suma a la construcción de mundo y a sus distintas aristas sobre el caso de Pluto y los asesinatos de robots avanzados. 

Es una miniserie de 8 episodios con una duración que oscila entre los 55 y 70 minutos que no se perciben como tal. Es un drama que explora de gran manera lo que es una parte de Astro Boy y que agrega detalles que le dan una identidad propia. Uno podría decir que, más que un retelling de la obra de Tezuka, parece ser un spin-off que entrega un contenido adicional a lo ya conocido. Es un anime que se suma al índice de buenas adaptaciones y que, al igual que sus protagonistas, apunta a la perfección del “Robot más poderoso del mundo”.

Pluto (2023)

Netflix

5.0/5

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