The Haunting of Bly Manor: una bellísima producción sin grandes sorpresas

En octubre de 2018 “The Haunting of Hill House” se convirtió en un éxito para Netflix, tanto por la recepción del público como por los comentarios de la crítica especializada. Su director, Mike Flanagan (Oculus, Gerald’s Game) confesó haber preparado por años el guion y la puesta en escena de una historia terrorífica pero extraordinariamente bien contada.

Dos años después llega “The Haunting of Bly Manor”, que si bien no tiene directa relación con la historia de su predecesora, funciona como continuación antológica de Hill House. Bly Manor también tiene a Mike Flanagan como showrunner y está basada libremente en el clásico “Vuelta de tuerca”, de Henry James, que ha sido adaptado en numerosas ocasiones y se le considera una de las obras fundacionales del género casa embrujada.

La historia sigue a Dani Clayton, una joven mujer que llega a la mansión Bly a hacerse cargo de la educación y cuidado de dos niños, Flora y Miles, que han quedado huérfanos recientemente. Sin embargo, su estadía en la Bly la llevará a descubrir presencias siniestras y fantasmas, tanto de la mansión como de su propio pasado.

Lo primero es señalar que Bly Manor es una producción artística y visualmente impecable. Adaptada en los 80’s, toda la ambientación de la mansión y la estética propia de la época es de primer nivel. En una era que parece obsesionada con los 80’s y todos sus clichés, esta serie de Netflix se las ingenia para no caer en dichas torpezas y seguir fiel a las temáticas que funcionales a su lógica, predominando la música original orquestada en lugar de transformarse en una rocola de canciones pop ochenteras. El vestuario y los decorados propios de las distintas épocas en las que oscila Bly Manor se funden a la perfección con una cuidada fotografía de Maxime Alexandre, que luce su veteranía en el género a lo largo de los 9 episodios.

Algunos miembros del elenco de Hill House vuelven en roles diametralmente diferentes, como Victoria Pedretti en el rol de Dani y Oliver Jackson-Cohen como Peter Quint, el principal antagonista. Destacan también las sólidas interpretaciones de Amelia Eve, T’Nia Miller y Rahul Kohli, que completan un elenco impecable y que funciona de manera orgánica para la historia.

Si Hill House era una historia familiar terrorífica, definitivamente Bly Manor es una historia de amor rodeada de oscuridad. El amor, en sus distintas formas, es el hilo conductor de todos y cada uno de los personajes, y son sus propias desventuras y consecuencias las que nos llevan a explorar sus destinos, algunos de ellos inevitables. Nuevamente hay que destacar la pericia de Flanagan para contar historias ya vistas, reconocidas, y que de alguna forma logran sentirse frescas y únicas. Bly Manor funciona como producción primordialmente porque jamás pierde el foco de sus personajes y logra hacerlos sentir como seres humanos, con fallas y traumas propios de sus pasados.

The Haunting of Bly Manor (Netflix)

 

Todo bonito, pero ¿y los sustos? 

Las comparaciones siempre son odiosas aunque algunas veces inevitables. Y al tratarse de una serie ahora antológica es imposible cruzar algunos paralelos entre ambas producciones. Al hacerlo, Hill House es definitivamente superior, principalmente porque logra entrelazar de una manera más pulcra y efectiva el horror y los sustos con la historia que se quiere contar. En Bly Manor casi no hay escenas de terror memorables, ni secuencias largas y angustiosas como en su predecesora. Es más, en varias ocasiones los momentos que apuntaban a ser terroríficos se sienten algo forzados, casi como una decisión de comité que consideró necesario incluir algo que pudiera dar un poco de susto luego de media hora de drama.

Lo anterior quizás podría deberse al hecho de que Mike Flanagan solo dirige el episodio piloto de los 9 en total de Bly Manor (en Hill House los dirige todos), reduciendo su participación en el resto a showrunner y guionista. Ahora, no es que las escenas de terror sean malas, en ningún caso Bly Manor se transforma en un festival de jumpscares baratos ni nada por el estilo, sino más bien se sienten muy vistas y poco inspiradas. Y si bien la historia y la producción brillan con luz propia, la falta de terror más puro y duro resulta algo decepcionante.

Otro factor débil de Bly Manor es su ritmo. Para el final todo cuaja y las piezas del rompecabezas de la historia se terminan de armar, pero toma varios capítulos entender del todo de qué se trata lo que estamos viendo. Algunas subtramas que se presentan importantes no terminan siéndolo y algunas secuencias derechamente resultan de mucha utilidad para la historia total. Tampoco todos los giros y sorpresas de la trama (no necesariamente de terror) logran ser tan efectivas como el guion parece pretender. Una cosa es que un giro dramático y argumental tenga sentido, otra muy diferente es que logre un impacto en el espectador. Bly Manor carece que grandes sorpresas, y falla algunas veces en presentarlas como vueltas de tuerca cuando eran bastante predecibles.

De todas formas, Bly Manor es definitivamente una secuela que vale la pena el tiempo invertido, gracias a su elegante producción y la bella historia que tiene para contarnos, que pese a estar ambientada en los 80’s, se siente extraordinariamente actual. Flanagan nos quedará debiendo algunos sustos, que esperamos poder ver en la inminente tercera entrega de la antología “The Haunting”.

The Haunting of Bly Manor está disponible en Netflix

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3.0/5

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